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La doble vida de Virginia Woolf está en cartel de Teatro del Barrio los domingos de marzo, con texto de Olga Amarís, bajo la dirección de Áurea Martínez Fresno y con la interpretación de Roser Pujol y Balbino Lacosta.
Una obra en la que Virginia Woolf, autora reconocida del modernismo vanguardista del siglo XX, y Carl Gustav Jung, psiquiatra suizo, discípulo de Sigmund Freud, se encuentran casualmente en un palco de la Ópera. Ambos asisten a la representación de una obra de Balzac. A lo largo de la conversación que entablan sobre la dificultad de vivir una vida íntegra desde la sola condición de mujer o de hombre, irán desprendiéndose de los velos sociales y dejarán aflorar sus más íntimos secretos, provocando momentos de mucha comicidad. En este encuentro, ambas personas se transformarán y nos llevarán a un final sorprendente. Hablamos con Olga Amarís y Roser Pujol.
Olga, ¿de dónde surge la idea de poner a conversar a Virginia Woolf y Carl Jung?
Olga Amarís: La idea de imaginar un diálogo entre Virginia Woolf y Carl Jung surge de la conexión conceptual entre sus pensamientos, especialmente en lo que respecta a la identidad, el género y la psique humana. Woolf, a través de su literatura, y Jung, mediante su teoría psicológica, abordaron la pluralidad de la identidad, el género como un constructo y la coexistencia de energías femeninas y masculinas dentro de cada individuo. Woolf, por citar uno de los ejemplos más conocidos, en Orlando explora la androginia y la transformación de género como una experiencia natural y creativa. Su obra plantea que la identidad no es fija, sino que se encuentra en constante construcción. Por su parte, Jung propone que todos los seres humanos poseen tanto un lado masculino (animus) como uno femenino (ánima) en su inconsciente, lo que sugiere que la identidad de género es una síntesis de ambas energías.
¿Por qué ellos dos, precisamente, para hablar de género, y de qué manera se puede teatralizar e imaginar su pensamiento?
Olga Amarís: Virginia Woolf y Carl Gustav Jung son elegidos para este diálogo escénico porque sus pensamientos y experiencias personales los han convertido en figuras casi míticas, ideales para ser representadas en el escenario.
Resulta muy inspirador pensar cómo hubiese sido esa conversación entre dos mentes brillantes que se reconocen, aceptando, mejor dicho, superando sus diferencias de base. Un diálogo que, además, no es solo intelectual, sino también físico y simbólico. A lo largo de la obra los personajes se irán desprendiendo de todos las convencionalidades y atuendos impuestos por un poder coercitivo exterior. Se genera una puesta en escena en la que las palabras se encarnan y los pensamientos se vuelven acción. Muy interesante es la mirada provocadora que ambos mantienen como personajes, haciendo que el espectador se sienta interpelado. Lo que se pretende es que Woolf y Jung dejen de ser figuras de una biblioteca y se conviertan en cuerpos vivos que experimentan, dialogan y se transforman ante nuestros ojos. En realidad, ellos, como persona-personaje, corporeizan a la perfección la esencia misma de la androginia en su tránsito incesante.
¿De dónde viene la propuesta de la androginia?
Olga Amarís: La androginia, entendida como la fusión o coexistencia de características tradicionalmente atribuidas a lo masculino y lo femenino, tiene raíces profundas en diversas culturas y tradiciones. El concepto lo encontramos ya en el panteón de los dioses de Oriente y Occidente, en el género dubio de los místicos, en el Génesis, en la Cábala y en el diálogo platónico de "El Banquete", por nombrar solo unas cuantas fuentes imprescindibles de rastreo.
En la actualidad, la noción de género fluido o identidad no binaria refleja esta continuidad histórica. Con nuestra propuesta queríamos dejar claro que, lejos de ser una moda pasajera o un deseo de trasgresión transformista, la fluidez de género es una manifestación contemporánea de la complejidad inherente a la identidad humana. En lugar de crear nuevas etiquetas o siglas impronunciables, como se viene haciendo hasta el momento para renombrar y sembrar extrañeza en algo natural, es esencial reconocer y aceptar que la ambigüedad de género no es una novedad, sino una expresión continua de la diversidad que ha existido a lo largo de la historia y que sigue evolucionando en nuestras sociedades actuales.
¿En qué sentido condiciona un contexto social y político una identidad?
Olga Amarís: El contexto social y político condiciona la identidad al imponer normas, discursos y prácticas que regulan los cuerpos y las subjetividades. En su teoría sobre el biopoder, Michel Foucault muestra cómo el poder político no solo reprime, sino que también produce identidades a través de mecanismos de control institucional. Así, las categorías de género no son entidades naturales, sino construcciones diseñadas para normativizar los procesos vitales de los ciudadanos.
Hoy en día, la diversidad de género ha ganado espacio en el discurso político y legal, con el reconocimiento de identidades no binarias en varios países y la mayor visibilidad de experiencias de género diversas en redes sociales. Además, la presencia creciente de cuerpos modificados tecnológicamente, los cuerpos ciborg de los que habla Donna Haraway, señala un cambio en la manera de entendernos y definirnos más allá de lo biológico.
Sin embargo, estas mismas fuerzas sociales y políticas que han impulsado avances también generan resistencias. En el panorama internacional, el retroceso en la pluralidad y la diversidad es evidente en políticas de género tan inquietantes como las del gobierno de Donald Trump, que restringió el reconocimiento legal de identidades trans y no binarias, defendiendo una visión biológicamente determinada del género.
Roser, ¿cómo prepararse el papel de Virginia Woolf, una escritora sobre la que se ha escrito tanto?
Roser Pujol: Empecé leyendo todos sus diarios, adentrándome en su vida, en sus cartas con amistades, relaciones íntimas que aparecen en varios libros, también buceé en sus obras. Entré en su psique, en su forma de ver la vida, en su sentir. Evidentemente cada persona hace una lectura única, la mía estuvo relacionada con mi forma de ver el mundo; y desde mi humildad, busqué similitudes o nexos de unión que me llevaran a una verdad mayúscula, en la que mi alma y la suya de algún modo estuvieran conectadas. Vivir sus alegrías, sus angustias, llenas de matices, su mirar a la muerte como una liberación, una paz que solo le pertenecía a ella y mucho más. A esto hay que añadirle el punto de vista que ha querido reflejar por un lado la autora Olga Amarís, y por otro la mirada profunda de la directora Áurea Martínez Fresno de “La doble vida de Virginia Woolf”. Juntas damos a conocer la variedad múltiple de colores de su personalidad, de la ironía y sarcasmo que también habitaba, como a momentos sus fantasmas y temores. Con toda mi honestidad y respeto, la miro a ella, haciendo una reverencia interna por tanto que me ha dado, deseando que si existiera en algún lugar y pudiera verme encarnándola, fuera de su agrado y se sienta honrada.
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